Friday, September 29, 2006

Un Ángel Rosa

. La avenida y sus luces entraban por la ventanilla transparente. Tras en borde del vidrio levantado, un haz de luz recaía sobre sus mejillas perfectamente rosadas; su presencia, toda, creaba espejismos de perfección en el aire. Estaba bella, hermosa, brillante... las flores parecían extremarse desde sus yemas suaves y pálidas, mientras que el flequillo marcaba casi con vanidad el encuadre de sus ojos. Ojos castaños que, distraídos en flores comunes, mostraban una ternura infinita capáz de derretir un alma. Caían los mechones de cabello en silenciosa cascada sobre unos hombros de terciopelo que se sabían únicos. Ella, toda ella en su entereza y totalidad, emanaba un perfume inigualable que preferí adjudicar su sola presencia. La dulzura de su voz se confundía con una música dulce, perpetua; oídos sabios supieron callar palabras de más, que hubiesen opacado la nota de su voz.
. Un solo segundo de silencio me bastó para tomar consciencia de mi paisaje; ella, perfecta al menos por ese segundo, sacaba a relucir todo su ser bajo nada más que la luz de la calle. La delicadeza de esas manos entrelazadas que rodeaban el ramo transmitían la tranquilidad de mil despertares; nada de la sencillez del contorno brillante de sus labios, semi húmedos entre sus dientes, tendría un tinte más sensual. Sus ojos... de vuelta sus ojos, y otra vez esa ternura interminable, superior a cualquier sonrisa de bebé. Sus piernas bajo un jean ceñido que escondían la boca de las zapatillas negras, de lona, sencillas como la explicación de mi estupor ante semejante preciosura. No paraba de sonreír, y yo no paraba de sentirme bendito. El sonido de risa tímida e intermitente bailaba en el pabellón de mi oreja y sedaba mis oídos, dulce anestesia efímera.
. Un beso suave en la mejilla, y su ceño que se frunce junto a su nariz en una nueva sonrisa, más divertida ahora. Me mira a los ojos y abre la puerta del taxi. Mañana, otra vez, ella y sus brazos va a viajar hasta él, dejándome con el perfume brotando de mis ojos y el recuerdo de la luz contra sus ojos.


. Se baja y me saluda. Mi duda no vacila morir.
. -¿Mañana vas para allá, no?
. -Sí, mañana me toca. Nos vemos.
. Saludo con mi sonrisa de payaso triste y cierro la puerta. Cuando me aseguro que no sabe de mis ojos, mi cuerpo cae contra el asiento y mis manos envuelven mi cara, para liberar al malester de su encierro. Resoplo despacio, miro una vez más las rejas negras, y, con el alma cansada, indicno mi destino al chofer.

. -Olazábal y Bucarelli, jefe.

Wednesday, September 06, 2006

Vírgen de emociones

Vive lejos de entre los vivos.
Su lugar está, lejos, alejado.
Lo besan desde kilométricas distancias,
no conoce el suave calor de la lujuria.
Dice haberlo sentido;
jura no reconocerlo de cerca.
Personas un sexo y otro
en pura comunion de manos,
resultan especies ajenas para él.
Sabe que tienen algo que ver;
pero le resulta complicado
verse en ellos.
Claro, qué pueden saber ellos de soledad.
Si su cuerpo está frío por la noche,
y en la mañana el único calor es el propio.
Si las cenas para uno,
sin luces de vela,
son costumbre.
Son parte de una rutina quizás
irrevocable.
Él siempre fue uno,
uno consigo y con nadie más.
Nunca se vio en otros ojos,
nunca lo vieron con con otros ojos.
Ha pasado tardes,
noches -qué importa
si el sabor es amargo en equilibrio-
repasando caídas y pensando milagros
Desayunando esperanzas,
y cenando rechazos.
Desprecios.
Patéticos intentos
de ser nada más que feliz.
Pero el amor le es esquivo,
se porta frio con él.
Le canta al oído mientras duerme
y lo niega cuando se ven.
Tiene sexo con palabras,
satisface sus necesidades.
Nadie más que él.
Lás imágenes más nítidas
así como las únicas
son todas las que conoce.
Si es que son como se las imagina.
Mutó en un asexuado,
perdió interés en lo que hace al ser.
Casi no tiene deseo carnal...
difícil desear lo que se ignora.
Tan necesario no puede ser,
si la sangre no le corre a donde sean las venas.
Si el sexo es juego de dos
y el es uno consigo,
y con nadie más.
Si sólo se sabe querido y
sólo puede querer a través de una pantalla.
Sólo "te quiero" a través de una pantalla;
el deseo, la lujuria, el amor y el desenfreno,
todos,
para él,
no son reales.
Quizás el amor ya no es lo que era.